El secretario de la Fuerza Aérea estadounidense, Troy Meink, confirmó el despliegue de sistemas de «control espacial» en órbita. Desde Beijing y Moscú exigieron que el espacio permanezca libre de armas y criticaron la militarización.
En un hecho sin precedentes para la diplomacia y la defensa global, Estados Unidos reconoció públicamente por primera vez que cuenta con armas desplegadas en el espacio exterior, desatando la inmediata preocupación y críticas de potencias rivales como Rusia y China.
La confirmación oficial estuvo a cargo del secretario de la Fuerza Aérea estadounidense, Troy Meink, durante una exposición en una conferencia sobre asuntos militares y espaciales llevada a cabo en Maryland. Si bien el funcionario evitó precisar detalles técnicos sobre la cantidad, el tipo de equipamiento o la fecha exacta de colocación en órbita, sostuvo enfáticamente que «Estados Unidos tiene armas de control espacial en órbita capaces de defender a la Fuerza Conjunta frente a acciones hostiles de adversarios». Hasta el momento, la existencia de estos dispositivos orbitales constituía un secreto a voces dentro de los círculos de defensa, pero el reconocimiento oficial rompió una larga tradición de ambigüedad diplomática.
Durante su presentación, Meink también adelantó avances en otros programas estratégicos, tales como interceptores basados en el espacio y una nueva constelación de satélites de vigilancia destinados a rastrear objetivos móviles, cuyos primeros lanzamientos están programados para comenzar este mismo mes con el objetivo de elevar la preparación militar del país. La respuesta de Beijing no tardó en llegar: a través de un vocero de la Cancillería, Guo Jiakun, el gobierno chino advirtió sobre los graves riesgos de convertir al espacio en un nuevo teatro de operaciones bélicas y exigió a Washington frenar la expansión de capacidades orientadas a la guerra espacial. Por su parte, Moscú reiteró su postura histórica reclamando que el entorno orbital permanezca estrictamente desmilitarizado, mientras que diversos especialistas advierten que la revelación oficial elevará considerablemente las tensiones geopolíticas entre las principales superpotencias.
De este modo, la carrera armamentista da un salto formal hacia la órbita terrestre, abriendo un nuevo capítulo de fricción y desconfianza en la seguridad internacional.

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