El Estado deberá financiar la reubicación de cañerías críticas de AySA que no fueron contempladas en el proyecto original. Críticas de los vecinos por un espacio que prometía ser público y terminó en oficinas privadas.
Lo que nació como una promesa de modernidad y apertura urbana en el corazón de Palermo se transformó en un dolor de cabeza financiero para la Ciudad. El Paseo Gigena, ubicado frente al Hipódromo, quedó en el ojo de la tormenta tras revelarse que el Gobierno porteño deberá desembolsar más de 20.000 millones de pesos para trasladar infraestructura hidráulica de alta presión que atraviesa el predio.
La obra, que involucra conductos estratégicos de AySA, resulta indispensable para el funcionamiento del sector, pero su costo recaerá sobre las arcas públicas. La controversia radica en que estas cañerías preexistentes no habrían sido debidamente integradas en el desarrollo inicial del emprendimiento privado. Mientras tanto, el «paseo» cosecha críticas por su diseño: lejos de ser un espacio integrado al barrio, hoy predomina un edificio de oficinas corporativas con accesos incómodos y locales gastronómicos de lujo que rompen con la identidad de la zona.
Entre cocheras subutilizadas por sus altos costos y una circulación peatonal deficiente, el Gigena se perfila más como un enclave de negocios que como el parque público que se vendió en los renders originales.

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