El salto exportador hacia la Unión Europea se dio por la falta de oferta global y la alta calidad del maíz y girasol locales. Proyectan ingresos de divisas récord para el primer cuatrimestre de 2026.
En un giro histórico para el comercio exterior, Argentina logró consolidarse como un proveedor estratégico de la Unión Europea, el mercado con mayores exigencias fitosanitarias del planeta. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, la participación nacional en este bloque pasó del 1% al 30% en tiempo récord, impulsada por la reconfiguración logística que provocó el conflicto bélico en Medio Oriente y la alta demanda de granos con baja huella de carbono.
El volumen total de exportaciones de granos alcanzará los 40 millones de toneladas en el primer cuatrimestre, lo que representa un incremento del 11% respecto a la marca anterior. Los protagonistas absolutos de este salto son el maíz y el girasol. Solo en el caso del maíz, los embarques programados para el bimestre marzo-abril superan los 10,3 millones de toneladas, un 54% más que el año pasado.
La clave del éxito argentino reside en haber cumplido con los estrictos estándares del «Pacto Verde» europeo, que exige trazabilidad total. Ante las disrupciones comerciales que afectan a proveedores tradicionales como Ucrania, Turquía y la propia Unión Europea, el campo argentino logró ocupar esa ventana de oportunidad, posicionándose como un aliado confiable en medio de la crisis logística global.
Este escenario proyecta un alivio significativo para las reservas del Banco Central, consolidando al sector agroexportador como el motor principal de la economía en 2026.

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