De la transparencia económica a la lucha contra los abusos. Claves de un legado que transformó a la Iglesia y la deuda pendiente con su país natal.
El 21 de abril de 2025 el mundo se conmovía con la noticia de la muerte de Francisco. Hoy, a un año de aquel suceso, el Vaticano luce la impronta que el Papa argentino imprimió durante poco más de una década. León XIV, el actual pontífice, ha decidido dar continuidad a las directrices de Francisco, manteniendo a la institución bajo los estándares internacionales de transparencia y escucha activa.
El especialista Héctor Garabal recordó las dificultades que impidieron el histórico retorno de Bergoglio a Buenos Aires. Desde las complicaciones de agenda por las elecciones en Chile hasta la sensibilidad social por debates como el del aborto, Francisco siempre sintió que «no estaban dadas las condiciones». El experto subrayó que el Papa lamentó profundamente no haber viajado al principio de su gestión, una herida que quedó abierta para millones de fieles locales.
A pesar de la distancia física, la influencia de Francisco sigue viva en cada rincón de la Santa Sede, donde su concepto de «Iglesia en salida» dejó de ser una consigna para convertirse en una realidad estructural.

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