El presidente estadounidense celebrará sus 80 años con un evento de artes marciales mixtas en los jardines de la Casa Blanca. La iniciativa despertó cuestionamientos de dirigentes opositores y especialistas que hablan de una estrategia de “sportswashing”.
Donald Trump celebrará su cumpleaños número 80 con un evento de artes marciales mixtas (MMA) en los jardines de la Casa Blanca, una iniciativa que también forma parte de las actividades organizadas por el aniversario 250 de la independencia de Estados Unidos.
Para la ocasión se instaló una gigantesca estructura octogonal conocida como “The Claw” en el jardín sur de la residencia presidencial. El escenario albergará el evento denominado “UFC Freedom 250”, previsto para el 14 de junio y que reunirá a miles de asistentes.
Según los organizadores, unas 4.500 personas podrán presenciar los combates dentro del predio de la Casa Blanca, mientras que otras 85.000 tendrían la posibilidad de seguir la actividad desde un parque cercano mediante pantallas gigantes.
La cartelera contempla siete peleas y se extenderá durante más de cuatro horas. Entre los combates destacados figura el enfrentamiento entre el francés Ciryl Gane y el brasileño Alex Pereira por el título interino de peso pesado. Además, el georgiano Ilia Topuria defenderá su cinturón de peso ligero frente al estadounidense Justin Gaethje.
Una vez finalizado el evento, Trump tiene previsto viajar a Francia para participar de una reunión de líderes del G7.
El mandatario, reconocido seguidor de la UFC desde hace años, definió la propuesta como “el mejor espectáculo del mundo” y llegó a comparar la estructura instalada en la Casa Blanca con la Torre Eiffel.
Mientras algunos medios estadounidenses estiman que la organización demandará alrededor de 60 millones de dólares, desde la administración aseguraron que el financiamiento corre por cuenta de la UFC y que no se utilizarán fondos públicos.
Invitaciones, ausencias y cuestionamientos
Para completar el aforo previsto, el Pentágono convocó a voluntarios entre los integrantes de las Fuerzas Armadas, especialmente entre los rangos más bajos. Una parte de las entradas fue reservada para militares en actividad.
Sin embargo, distintos medios señalaron que los soldados interesados deberán afrontar sus propios gastos para asistir al espectáculo y cumplir determinados requisitos físicos.
La Casa Blanca también extendió invitaciones a varias figuras del espectáculo, aunque algunas de ellas habrían decidido no participar. Entre los nombres mencionados aparecen Dwayne Johnson, Adam Sandler y Jason Statham.
Además, un recital previsto para realizarse en el National Mall fue suspendido luego de que varios artistas comunicaran su decisión de no formar parte del evento.
Algunos de ellos argumentaron que la celebración había adquirido un perfil político diferente al que se les había presentado inicialmente. El cantante Bret Michaels sostuvo que lo que parecía ser una conmemoración nacional terminó convirtiéndose en una propuesta más divisiva de lo esperado. En una línea similar se expresó la cantante de country Martina McBride.
Debate político y acusaciones de “sportswashing”
Las críticas más fuertes provienen de sectores opositores que cuestionan la utilización de una celebración nacional para promover actividades asociadas a la figura del presidente.
La senadora Mazie Hirono sostuvo que Trump está utilizando la Casa Blanca como un espacio personal, mientras que el senador Adam Schiff cuestionó la organización del evento en un contexto económico complejo para muchos ciudadanos.
Al mismo tiempo, especialistas en gestión deportiva y entretenimiento señalaron que la iniciativa podría interpretarse como una estrategia de “sportswashing”, una práctica que consiste en utilizar eventos deportivos para fortalecer la imagen política o institucional.
Nick Watanabe, académico de la Universidad de Carolina del Sur, consideró que el evento busca ubicar al presidente en el centro de las celebraciones por los 250 años de la república estadounidense.
Por su parte, Dana White, presidente de la UFC y aliado político de Trump, rechazó las acusaciones de politización y afirmó que el objetivo es conmemorar un aniversario histórico para el país.
Según una encuesta difundida el 5 de junio, el 51% de los estadounidenses desaprueba la realización del evento.

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