La medida libera un potencial de hasta USD 6.000 millones retenidos en los bancos, aunque exige a las entidades un respaldo de capital del 125% para mitigar el riesgo de descalce.
En lo que representa la mayor flexibilización normativa para el financiamiento en moneda dura en un cuarto de siglo, el Banco Central de la República Argentina autorizó a los bancos a prestar divisas a compañías que facturan en pesos. Las entidades financieras podrán destinar hasta el 15% de sus depósitos en dólares a este nuevo esquema crediticio, modificando las restricciones vigentes desde 2002.
El diagnóstico oficial se apoya en el margen de liquidez del sistema bancario: actualmente los depósitos privados rozan los USD 40.000 millones, mientras que las financiaciones otorgadas alcanzan los USD 24.800 millones. Según estimaciones del secretario de Finanzas, Federico Furiase, la capacidad ociosa del 17% permitirá volcar hasta USD 6.000 millones a la economía real, dinero que deberá liquidarse de forma obligatoria en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) para incrementar las reservas.
No obstante, la letra chica fijada por la autoridad monetaria impone un estricto marco macroprudencial. Los bancos deberán respaldar estos créditos con 1,25 veces el capital regulatorio habitual y evaluar la solvencia del deudor frente a eventuales saltos cambiarios. Para la empresa tomadora, la tentación de una tasa activa estimada entre el 7% y el 8% anual contrasta con el peligro latente de asumir un pasivo en dólares cobrando en moneda local.
Los analistas advierten por el riesgo de descalce de monedas en un 2027 atravesado por el calendario electoral.

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