28 agosto, 2026

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Turismo sustentable en el norte: las termas de Jujuy que abren en invierno y atraen al turismo de descanso

Ubicadas en la región de Valle Grande, las pozas turquesas del Río Jordán se consolidan como una escapada ideal para jubilados que buscan entornos naturales. Por cuestiones climáticas y de seguridad, el circuito solo resulta accesible entre los meses de mayo y noviembre, coincidiendo con la temporada seca.

Las planificaciones de desarrollo turístico regional, el fomento de corredores biológicos y la regulación de los accesos a zonas de reserva en las provincias del norte argentino constituyen un factor de indudable relevancia para diversificar la oferta de descanso orientada a los adultos mayores durante el receso invernal. Cuando los municipios y las comunidades locales logran reestructurar los sistemas de guiado obligatorio para resguardar la integridad de los ecosistemas de yungas, se promueve un modelo de visitación responsable que mitiga los riesgos del terreno y dinamiza las economías del interior de forma estacional. Para las plataformas de comunicación enfocadas en el análisis minucioso de la infraestructura turística, los mapas de senderismo y el turismo de bienestar, desglosar estas propuestas de naturaleza resulta indispensable para coordinar viajes seguros en la temporada invernal.

Las termas del Río Jordán, situadas en la provincia de Jujuy, se posicionan de manera creciente como una alternativa de viaje diferenciada para el segmento de jubilados que prioriza el descanso en entornos de alta pureza ambiental, lejos de las aglomeraciones de los centros recreativos tradicionales. Este complejo de piletas naturales, emplazado a una altitud aproximada de 1000 metros sobre el nivel del mar en las cercanías del Parque Nacional Calilegua, posee la particularidad regulatoria y geográfica de ser accesible de forma exclusiva durante el período comprendido entre mayo y noviembre, aprovechando la ventana climática de la temporada seca que evita el anegamiento de los senderos de montaña. El recurso diferencial del sitio radica en sus aguas cálidas y mineralizadas, cuyas temperaturas estables rondan los 30°C y exhiben una tonalidad turquesa que genera un fuerte impacto visual en contraste con la vegetación densa y los cerros rojizos característicos de la yunga jujeña. Para emprender la travesía, los visitantes deben trasladarse inicialmente hasta la localidad de San Francisco, punto donde resulta obligatorio concretar el registro de ingreso y la contratación de un guía local autorizado para iniciar un trayecto que abarca una caminata de seis kilómetros de extensión. Si bien el tramo de descenso presenta una accesibilidad relativa con dificultades puntuales, las autoridades recomiendan realizar una evaluación previa de la aptitud física de los viajeros debido a que el trayecto de retorno exige afrontar una subida empinada con un desnivel de 700 metros, exigiendo una estricta planificación de la excursión.

El circuito termal se erige así como un baluarte de biodiversidad donde conviven especies de laureles, jacarandás y orquídeas silvestres en un marco de absoluto silencio. Se sugiere a las agencias prestadoras de servicios para la tercera edad realizar los registros pertinentes con antelación para garantizar la disponibilidad de guías baquianos durante los meses de alta demanda invernal.