Con el respaldo de FATSA, el gobernador bonaerense ejecuta un plan de expansión territorial. La meta: captar el segmento del electorado moderado en la región centro.
La presencia de Axel Kicillof en Córdoba este viernes responde a una planificación estratégica de largo aliento. Lejos de la confrontación, el equipo de La Plata ha diseñado una agenda de «bajo impacto sonoro» pero de «alto valor político». Al participar del congreso sindical en La Falda, el mandatario bonaerense se posiciona en un entorno controlado para iniciar la reconversión de su imagen en el distrito más refractario del país.
El análisis de los datos electorales de 2025 (42% para LLA) obliga a una reingeniería de la propuesta. Kicillof apuesta a la gestión y al respaldo de la estructura de la CGT para suavizar su identificación con el kirchnerismo duro. El objetivo es claro: transformar la «impenetrabilidad» de Córdoba en una oportunidad de crecimiento, aprovechando los canales de diálogo abiertos con el esquema de Llaryora. Es una inversión de capital político con vistas a un retorno proyectado para 2027.
La «misión Córdoba» es el primer test real de la capacidad de escala nacional de la marca Kicillof.

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