Según el Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial, el país subió al puesto 56 global impulsado por el acceso y los costos del gas. Sin embargo, el informe advierte sobre las asignaturas pendientes en infraestructura y capacitación de recursos humanos.
Las evaluaciones anuales de los organismos multilaterales sobre el desempeño de los sistemas energéticos soberanos constituyen una herramienta de consulta indispensable para proyectar las inversiones externas y el desarrollo de infraestructura a mediano plazo en la provincia de Buenos Aires y el resto del país. Cuando los índices globales reflejan mejoras en las variables de equidad y asequibilidad, se abren canales de debate sobre la sostenibilidad de los marcos regulatorios y la competitividad de las tarifas aplicadas al entramado productivo local. Para los portales informativos orientados al análisis pormenorizado de las variables macroeconómicas, la matriz energética y las agendas de transición global, desglosar estos relevamientos es un factor clave para comprender la inserción comercial del país en el mundo.
La Argentina logró avanzar posiciones en el Índice de Transición Energética elaborado y publicado de forma oficial por el Foro Económico Mundial, un indicador global que evalúa detalladamente la eficacia de los sistemas energéticos nacionales basándose en tres ejes conceptuales fundamentales como la seguridad, la sostenibilidad y la equidad social. En un contexto internacional donde el ritmo de la transición energética experimentó una marcada desaceleración debido al deterioro de la seguridad geopolítica por los conflictos armados en Medio Oriente y las consiguientes interrupciones comerciales en el estrecho de Ormuz, el país logró incrementar su puntuación general de 55,6 en 2025 a un total de 57,4 en 2026. Este repunte de casi dos puntos le permitió a la nación ascender del puesto 57 al 56 sobre un universo de 120 países evaluados, situándose inmediatamente por debajo de Arabia Saudita y superando la línea de Ucrania. De acuerdo con los datos brindados por la institución internacional, la principal explicación de esta mejora radica en la solidez del desempeño del sistema interno, que obtuvo una de las calificaciones más altas de América Latina gracias a una amplia cobertura en el acceso a los servicios y a la caída en el precio mayorista del gas, factores que se combinaron con una reducción de los subsidios energéticos como proporción del Producto Bruto Interno y un leve aumento en los niveles de libertad económica y estabilidad política.
A pesar del saldo positivo en el casillero estadístico, el documento del Foro Económico Mundial enciende luces de alerta respecto a las marcadas deficiencias estructurales que el territorio arrastra en materia de obras de base y entrenamiento técnico especializado. La superación de estos cuellos de botella determinará si la mejora actual se consolida como una tendencia de largo plazo o si se estanca frente a la falta de capitales frescos.

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