La parálisis de la microeconomía y el ajuste en programas alimentarios encienden las alarmas en los barrios más vulnerables. El impacto en el bolsillo y la incertidumbre política.
La realidad del Gran Buenos Aires se ha convertido en el principal desafío tanto para la Casa Rosada como para La Plata. Mientras Javier Milei monitorea con preocupación que los éxitos de la macroeconomía no llegan a la mesa de los vecinos, Axel Kicillof evalúa recortes drásticos ante la falta de recursos, poniendo en duda la continuidad de programas clave como el MESA.
En los barrios marginales, la caída del empleo y el «rebusque» extremo marcan el pulso diario. La falta de changas y la baja en el precio del cartón golpean a un electorado que fue clave para el triunfo libertario, pero que hoy muestra signos de desencanto. La economía doméstica se sostiene mediante préstamos personales para comprar comida y círculos de ahorro informales, mientras la «ingeniería del rebusque» incluye desde apuestas online hasta créditos fuera del sistema bancario. El Gobierno nacional teme que la falta de resultados palpables en la microeconomía erosione su base electoral del 30% de cara al futuro.
En un escenario de fragmentación política, el Conurbano se consolida como el territorio donde se definirá la suerte de los principales liderazgos del país.

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