La central obrera analiza solicitar una audiencia formal con el nuevo jefe de Gabinete. Los sectores combativos mantienen la presión por un paro general.
Los cambios en la primera línea del Poder Ejecutivo modifican los tableros de la negociación política y el cabildeo corporativo. Ante la designación de un interlocutor de perfil negociador, las cúpulas sindicales suelen ensayar una pausa táctica en sus estrategias de confrontación, utilizando la amenaza de la protesta social como un activo de presión para forzar concesiones sectoriales en el marco de las relaciones de poder institucionales.
La mesa chica de la Confederación General del Trabajo (CGT) comenzó a debatir la conveniencia de solicitar una reunión institucional con el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli. Si bien la central obrera ratificó la vigencia del plan de lucha escalonado anunciado la semana pasada contra la administración de Javier Milei, la llegada del exministro del Interior abrió una ventana de negociación. Santilli cuenta con un fluido historial de contactos subterráneos con el ala dialoguista de la central, clave durante la aprobación de la reforma laboral, lo que podría facilitar el tendido de puentes antes de que se consoliden las medidas de fuerza en la calle.
Desde Azopardo advirtieron que la viabilidad del diálogo dependerá de los primeros movimientos políticos que realice la coordinación ministerial del oficialismo.

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