El Presidente repartió señales equilibradas hacia su círculo íntimo y socios políticos. Sin embargo, la Casa Rosada asume que persisten las diferencias estructurales en diversas áreas del Gobierno.
Las puestas en escena en política suelen funcionar como analgésicos de corto plazo, pero rara vez curan las dolencias de fondo de las coaliciones de gobierno. La decisión del jefe de Estado de mostrarse flanqueado por las terminales de los principales conflictos internos expuso la necesidad de enfriar la confrontación, aunque los protagonistas admiten que los recelos siguen vigentes.
Quienes caminan los pasillos oficiales reconocen que la convivencia experimenta jornadas de máxima tensión, alimentadas por reclamos cruzados de partidas presupuestarias y cuotas de poder en las nominaciones. La sobreexposición de unidad junto a Karina Milei, Santiago Caputo, Martín Menem y Patricia Bullrich operó como un paliativo público ante el asedio mediático. No obstante, las quejas de los sectores intermedios persisten, disconformes con la centralización de las decisiones en el «triángulo de hierro». La ratificación de las mesas técnicas busca llevar calma, pero la puja de liderazgos se mantiene latente.
Las próximas semanas, al calor de las definiciones legislativas, testearán la verdadera elasticidad del esquema de contención diseñado por el mandatario.

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